Dada la gran
importancia de la creatividad como elemento crucial para producir avances,
generar ideas novedosas, originales y la
posibilidad de innovar, desde los años 50 del pasado siglo ha habido un número
importante de estudios e investigaciones que relacionaron a la creatividad con:
a) El proceso de desarrollo psicológico del individuo. b) El desarrollo educativo y de formación. c) Su aplicación al mundo de la investigación. d) Su aplicación en el desarrollo del
mundo de las empresas. Estas últimas porque son, conjuntamente con las
universidades, quienes realizan principalmente las tareas de innovar y transformar
ideas creativas en: invenciones, avances y tecnologías, dirigidas a mejorar el
progreso y la sociedad en general.
Al hablar de
creatividad nos parece que podemos estar todos bastante de acuerdo en que se
observa, con mayor claridad que en ningún otro grupo, en los niños. El doctor
Ellis Paul Torrance, uno de los más conocidos estudiosos de la creatividad
llevo a cabo, conjuntamente con un equipo del Bureau
of Educational Research, un estudio
longitudinal sobre 15,000 niños de ambos sexos, que comprendió, desde la
guardería hasta el sexto grado.
La
investigación mostró que, al comienzo de
sus vidas la mayoría de los niños
muestran un gran potencial creativo, que va siendo destruido, en la mayoría,
conforme van alcanzando el 4º grado, o lo que es lo mismo, mientras más se
van escolarizando menos creativos van resultando. Descubrió que no se trataba
de que padres o educadores sofoquen deliberadamente la creatividad, sino más
bien, “que no logran reconocerla allí donde existe”; razón por la que no la
refuerzan. De hecho, “con frecuencia, la tomaban como desobediencia,
excentricidad e incluso estupidez”.