lunes, 10 de junio de 2019

¿POLÍTICOS OPORTUNISTAS? MALOS RESULTADOS


Finalizando el anterior post, comentaba: “El problema es cuando alguien, por circunstancias de su entorno de crecimiento y desarrollo, se ha quedado estancado en la primera o segunda etapas del proceso, y señalaba que, ese atasco puede ser de por vida, a menos que suceda algo que haga evolucionar a la persona y continuar madurando”.
Comprender esto, es clave para entender por qué hay personas adultas que deberían estar en una fase de madurez más acorde con su edad cronológica y, sin embargo, actúan y se comportan como aquellos que están en las “Etapas Impulsiva y Autodefensiva”; mostrando con relativa frecuencia o cuando les resulta conveniente, comportamientos inmaduros, rudimentarios.
Esas personas son una minoría, pero existen más de las convenientes, tanto para la sociedad, como para otros tipos de organizaciones donde actúan. Entre ellas, por ejemplo, partidos políticos, que es lo nos incumbe hoy o también, en diversas modalidades de empresas privadas, públicas, medios de difusión de masas, y otros modelos de organizaciones.
Las características y comportamientos ya citados de la Etapa Impulsiva, son lo normal, usual y corriente, dentro del proceso de crecimiento, desarrollo y evolución de todo ser humano, desde que se nace y como parte del camino a recorrer para alcanzar etapas superiores y la madurez. Esta Etapa I, va desde los cero años hasta aproximadamente los seis años de edad (0 a 6), dentro de lo que representa el desarrollo normal, usual, de cualquier humano. Esto a su vez, deja ver cuán inconveniente puede resultar para un país o una sociedad, el hecho de que muchos de los que ostentan el poder actúen y se comporten de esta forma tan inmadura e inconsciente. Esto es básicamente, lo que trato de hacer comprender al abordar este tema.

II.-  SEGUNDA ETAPA: PERSONALIDAD AUTO-DEFENSIVA
Continuando con personalidades inmaduras, prestemos ahora atención a los rasgos, características y comportamientos que identifican y se manifiestan en la Etapa II, donde como se verá, en algunos aspectos se avanza bastante, pero la mayoría continúan siendo comportamientos que dejan aún mucho que desear en cuanto a madurez, debido a sus deficiencias, a la hora de intentar alcanzar una buena convivencia. Algo clave en política. Esta Etapa, se caracteriza también por corresponderse con comportamientos manifestados por personalidades inmaduras. Es posible observar alguna mejora comparada con la Impulsiva, pero no mucha, son pocos los cambios.
Las actuaciones y rutinas características de esta Etapa II, se manifiestan en aquellas personas que se han quedado estancadas en la misma son (en negrita, descripciones de Loevinger):
·           Hay reconocimiento de las normas, pero las usa para su propio beneficio y satisfacción: “lo que me conviene es bueno y lo que no, es malo”.  Como se puede ver, es una conducta puramente oportunista. Lo hemos visto y vivido, a lo largo de los meses pasados y aún hoy, con las negociaciones para ver quien gobierna donde y con quien. Se está manipulando, engañando, tergiversando, todo lo posible. Me aprovecho de todo aquello que me conviene. Lo esencial no es “lo que pueda resultar más conveniente para el país”, eso termina siendo secundario, lo esencial es lo que me conviene a mí o conviene a mi partido.
·           Malo, es igual a ser descubierto. No existen aún sentimientos de culpa como sanción. Igual que en la anterior etapa. No se ha madurado nada al respecto. Mientras no se nos descubra la “maniobra, trampa, corruptela” nos sentimos muy bien por lo hábiles que hemos sido al obtener, por años, meses, los beneficios y resultados que buscábamos. Claro, esto sucede también en otros ámbitos. No hay capacidad real de autocrítica. No hay presencia de remordimiento como sanción. Tardará un tiempo aún en aparecer, será en la siguiente Etapa.

·           No posee capacidad de auto-crítica. El escaso nivel de desarrollo alcanzado, el más bajo según el modelo de “desarrollo moral” (Kohlberg), explica su incapacidad para realizar un real y verdadero análisis y la consecuente autocrítica. Por ello, no hay cambio, ni mejora. Las acciones, los hechos y las faltas cometidas no producen ningún tipo de pesar, arrepentimiento, ni preocupación, aunque se trate de hechos y acciones censurables e inclusive, punibles. Si además eres de la creencia que te dice” tus pecados te serán perdonados”, listo: “Patente de Corso” y para adelante.

·           Tiende a ser oportunista, vivo, mentiroso e irresponsable. Parece que Loevinger estuviera, hace cincuenta años, describiendo las características y comportamientos usuales de nuestros políticos, durante la “campaña electoral” para las elecciones presidenciales y municipales, que recientemente disfrutamos. La crispación, irresponsabilidad, mentiras, insultos, engaños, etc… aunque en éstas últimas bajara un poco el tono. Los comportamientos quedan descritos a la perfección.
Pero, os recuerdo que estamos hablando de actitudes y conductas de algunos de nuestros dirigentes políticos quienes generan gran impacto en el país con esas actuaciones. ¿En manos de quienes estamos? ¿Cuáles son sus prioridades como posibles dirigentes futuros, hoy en la oposición? ¿Dónde quedan los serios problemas que confronta nuestro país?
 
·           Les preocupa cómo ejercer control, dominar y aprovecharse de los demás en sus relaciones con otros. Necesidad de poder personal. Al igual que la descripción anterior, parece calcado de la realidad política actual. No sobra nada. Si faltan muchas otras conductas despreciables. La búsqueda del poder personal, les lleva a ver con cariño y total aceptación gobernar como sea, increíble, aunque sea con la extrema y ultra derecha, y sin remordimiento.

·           Suele ser: desconfiado, inseguro y sinvergüenza. Un dechado de atributos para un político. Así los vemos, actuarán: engañándonos, mintiendo continuamente, crispando, indecisos, no comprometiéndose, no fiándose sino de los que conforman su grupo, su partido. A veces ni eso. Su inseguridad, debida fundamentalmente a la baja madurez hace que sea desconfiado, razón por la que, a su vez, es difícil creerles y poder confiar en ellos.

·           Ve el trabajo como algo molesto, desagradable. Razón por la que lo evitará siempre que pueda. Se deja ver claramente porqué, en muchos casos, buscan vivir de la política. Es obvio que existen innumerables y valiosas excepciones. El no tener un gran amor por el trabajo, el esfuerzo, el compromiso y por otro, la búsqueda y posesión de poder, especialmente personalizado, para mandar, gobernar, dirigir, es compatible con esta descripción.

·           Su relación con otros es de gana-pierde. No es capaz de concebir el que los dos puedan ganar y menos, la colaboración. Acuerdos, pactos, colaboración, compromisos llevados a cabo honestamente, es terreno vedado. Son muy difíciles de alcanzar y peor, de mantener. Es interesante aclarar que el origen de esa dificultad proviene esencialmente del nivel de madurez no suficientemente desarrollado aún, más que del propio deseo de hacerlo. Su falta de bagaje se lo dificulta y hasta se lo impide. De ahí tanta lucha de poder interno. Con estos mimbres, esta fase actual de pactos y concesiones de parte y parte, será algo verdaderamente compleja de alcanzar y más aún, de mantener en el tiempo.

·           Vivir es la vida fácil, con mucho dinero y cosas bonitas. ¡Permiso para ser corrupto!, para malversar y hacer proyectos y obras inútiles, faraónicas, pero donde puede haber mucho del famoso 3%, y mucho más. Es, como se puede observar, un tipo de comportamiento, en general, muy superficial, voluble, frívolo, presumido, narcisista, etc. Inmaduro.
Una denominación bastante clara y precisa de estas personas, en general es, la de Oportunistas. Siempre están buscando obtener de manera interesada, manipulativa, abusiva, egoísta, aprovechada, ventajas de cada situación en la que se implican. Solo buscan su beneficio y como mucho, el de los “suyos”.

Aunque en la Etapa II se observa algo más de madurez, sigue siendo, desde la perspectiva de la situación de trabajo, de enfrentar el mundo, de funcionar en las organizaciones, de sus actuaciones en la sociedad, y más, de la gestión política, una personalidad inmadura, aprovechada, bastante conflictiva, tal como se desprende de la ampliación del contenido de los rasgos y comportamientos señalados por Loevinger.
Una de las primeras dificultades que podría presentarse al trabajar con personas con esta baja madurez es, que aprovecha las leyes, reglamentos y normas para sacar beneficio propio de las situaciones, con menoscabo para otros. Es el tipo de persona que, aunque cometa una fechoría, algún delito, pequeño o grande, como aún no tiene la capacidad de autocrítica desarrollada, no le produce malestar, no hay remordimiento. Además, si logra que no le descubran se siente estupendo, porque “lo ha hecho tan bien y ha sido tan inteligente y vivo, que no le han descubierto”.
Se trata de adultos oportunistas, que intentan obtener un beneficio individual, egoísta, de las situaciones y hechos. Suelen ser personas especuladoras, abusadoras, aprovechadas, sin vergüenza, mentirosas, e irresponsables, lo que les da, según su percepción, permiso para aprovecharse de otros, en la empresa, el partido, o de la sociedad, etc. Suelen ser individuos cuya motivación predominante es la búsqueda de poder en la vertiente de Poder Personalizado (David McClelland). Sugiero a los lectores releer las características dadas, para comprender mejor en manos de quienes estamos los ciudadanos de este país.
Dominar y controlar a otros, reflejan comportamientos y acciones, que observamos diariamente, especialmente en políticos, quienes parecen descritos “al pie de la letra” según señalé. Aclaro, no se libran algunos empresarios, directores de medios, banqueros, y otros, cuyos comportamientos no pueden ser más autodefensivos y oportunistas, de ahí la tan cacareada desigualdad que existe en nuestro país. Que, además, va empeorando. Claro…
En esta Etapa II, las relaciones con otros son esencialmente, de gana-pierde. No conciben aún, situaciones en las que todos puedan ganar. Un mejor reparto, más equidad. De ahí, que provoquen muchos conflictos de difícil solución. Pedir a personas con esta madurez que colaboren con otros, que trabajen en equipo, es casi imposible de lograr. El problema mayor es, que, aunque quieran hacerlo, por su escaso desarrollo, se les dificulta mucho.
Por su baja madurez suelen ser personas psicológicamente inseguras, de ahí la fuerte motivación hacia el poder personal. Es la “coraza necesaria” para cubrir y disimular, su inseguridad e inmadurez. Esa misma inseguridad los lleva a ser desconfiados con los demás, de ahí, que en sus relaciones con otros trate siempre de sacar provecho personal y abusar de su poder sobre otros, siempre que pueda. Con más frecuencia de la deseable así lo hacen. Imaginaros un jefe, directivo, mando, con este nivel de desarrollo. Existen, de ahí los frecuentes casos de abuso, acoso y otras modalidades, donde el personal de la organización es vigilado, controlado, amenazado y maltratado. De ello, se deriva el común rechazo a los “jefes”.
Por todo lo indicado, no se puede esperar de estas personas que sean o lleguen a ser buenos trabajadores, menos aún buenos empresarios o directivos, y mucho menos aún, buenos políticos. Pensemos en lo que nos está ocurriendo y a cuantos hemos visto, y vemos a diario, actuar de manera oportunista, cortoplacista, en consecuencia, no propicia para la sociedad y menos aún, para el país. Por ello el post previo al anterior (mayo 18), se titulaba: “Una realidad que tiene que cambiarse”.
Cambiar la situación general descrita requiere obligatoriamente, poseer y actuar con un mayor nivel de madurez, algo que comentaré en la próxima entrega.