lunes, 23 de julio de 2012

PROS Y CONTRAS DE LAS PERSONAS CON PERSONALIDAD CONFORMISTA


En la entrega anterior, Julio 16, expuse de manera concisa las características y comportamientos que tipifican a las personas con Personalidad Conformista. En la presente le doy continuidad al ampliar sus contenidos, con objeto de facilitar mejor su comprensión. Especialmente, para aquellos que tienen este tipo de personalidad como predominante. Espero que cada vez sea más fácil para los lectores, la tarea sugerida  al iniciar este tema, como una forma de practicar el modelo, al intentar ubicar qué rasgos son parte de uno, de acuerdo con las descripciones de las diferentes personalidades que se van exponiendo. Recomiendo también, identificar a personas que conocemos y observamos distintos ámbitos: en la vida pública, familiar, en el trabajo y otros. Hacerlo servirá de práctica y también, para comprobar de la existencia de los mismos.

Enfocando la atención en las dos o tres primeras características que se señalaban, ya se puede comprobar qué el cambio de comportamiento que ocurre entre individuos de personalidad II, con los de la III, es inmenso. Veamos: Por primera vez nos encontramos con personas para quienes las normas, políticas, reglas, etc., representan un significado, tienen valor, son parcialmente incorporadas al comportamiento. Se cumplen, acatan y respetan. Esto refleja un cambio muy positivo de gran impacto para la vida y cultura del trabajo en las organizaciones,  y también, si lo ampliamos al ámbito de los países. De hecho, la sociedad es en general Conformista. Además, aparece la vergüenza, y tenemos así, a una persona que respeta normas, reglas, políticas, etc. y que no se atreve a realizar acciones que la puedan llevar a sentir vergüenza, malestar, por algo deshonesto o no adecuado. ¡Puf! que gran cambio. Por eso he afirmando en las anteriores descripciones, que los comportamientos de los dirigentes actuales, en casi todos los ámbitos, se corresponden con  los de personas de baja madurez.


Desde el punto de vista de las empresas y del trabajo, nos encontramos ahora, con una persona muy dispuesta a trabajar en equipo, a colaborar, que funciona muy bien dentro de grupos pequeños, en los que busca “caer bien” con el objeto de ser aceptado, evitando situaciones agresivas o de conflicto. Las personas de la Etapa III, están continuamente intentando que el grupo funcione bien y sea armónico, ya que de romperse, se quedarían muy solos, y eso los aterra debido, principalmente, a que su factor de motivación fundamental es “pertenecer”,” ser parte de”. Necesidad social. En este sentido están siempre haciendo esfuerzos para que los equipos se mantengan en armonía. Es conveniente, en contraposición, recordar qué la necesidad que motiva a las personalidades Impulsiva y Auto Defensiva, es el Poder.

 
Quizás, desde cierto punto de vista, el problema más grave de las personas con personalidad Conformista es, el que se refiere a que “su código de moral tiene más que ver con las reglas, que propiamente, con las consecuencias de los actos”.  Este aspecto es sumamente delicado y ha sido utilizado y manipulado con frecuencia en el transcurso de la historia cuando grupos de personas pertenecientes a este nivel han sido utilizados por líderes o ciertas ideologías  ”como masa ciega”, “como rebaños”, para llevar a cabo ciertos fines no siempre justificables y, en otros casos inclusive, realmente aberrantes. Como grupo funcionan casi como un rebaño, y quien o quienes los dirigen pueden inducirlos a cometer, tal como ha ocurrido en muchas oportunidades a lo largo de la historia, delitos muy diversos y hasta a matar “para salvar y resguardar el grupo y sus creencias”.

 
Se trata del tipo de personalidad más adecuada para acatar la disciplina de partidos políticos sin rechistar, lo que con frecuencia los lleva a justificar lo injustificable, pudiendo llegar a ser bastante “fundamentalistas” en ese campo, así como también, dentro de la religión e ideología que profesen, sea la que sea. Desgraciadamente existen innumerables pruebas que abundan a lo largo de la historia y especialmente en Europa. En la actualidad continúan existiendo ejemplos vivos de ello en varios países y continentes, donde por factores de ideología aún hay guerras.


En otro ámbito, en nuestro país, no hay más que ver el comportamiento de ciertos senadores y diputados aplaudiendo las dañinas y dolorosas medidas impuestas “y que para mejorar  la economía y funcionamiento del país”, aunque los resultados vienen demostrando todo lo contrario. Eso si, a los intocables, “ni con el pétalo de una rosa”. Solo se “jode”, tal como lo afirmo una diputada la pasada semana en el pleno parlamentario, a los más desamparados, a la clase trabajadora, funcionarios, pensionistas, estudiantes, etc. A las élites se las teme.      Ser miembro de sociedades, agrupaciones, clubs y otros  similares, es lo más importante para estas personas conformistas. Le proveen de la seguridad y fortaleza que aún no poseen en si mismos como individuos independientes y maduros, como personas.

Otro de los inconvenientes al no tratarse de individuos con suficiente madurez es, que carecen de verdadera capacidad de introspección. Por ello, todo en su mundo, sus relaciones, en sus gustos, es superficial. Va con la moda, juzga a los demás por las apariencias y utiliza  prejuicios y estereotipos que no le permiten obtener un buen juicio y una clara percepción de la realidad.  Suele haber en ellos un fuerte rechazo de los otros grupos. Está clarísimo en nuestra vida política aun cuando lo que el país necesita es todo lo contrario. Y en el ámbito de las empresas, se dan diferencias  y conflictos no resueltos que enfrentan a unos grupos o departamentos, contra otros. Al mismo tiempo, hay cohesión y pertenencia casi ciega, dentro del pequeño grupo del que forma parte.


Desde otro ángulo, ahora más positivo, tiene todas las características para ser “el empleado o trabajador ideal” o “ser buen ciudadano”: Obediente, respetuoso, puntual, colaborador, honesto, agradable, cumple las leyes y regulaciones, no se presta a la corrupción, es simpático, le gusta que le digan qué hacer y cómo hacerlo, ser dirigido. Más de un mando, o directivo, se mostrará encantado de contar en sus grupos de trabajo con individuos conformistas. Cuando por razones diversas del día a día, se siente mal con su jefe o con la empresa, generalmente, por respeto y más, por temor a una situación incontrolada por su parte, no se queja, acepta de manera sumisa. Es de las personas que muchos jefes desean porque no los retan y porque “no hacen olas”, todo con ellos es armonía y calma. Esta es posiblemente la característica más positiva para cualquier organización. Pero eso hay que dirigirlo, difícilmente se va a conseguir que tome iniciativas y actúe con cierta independencia. Ninguna empresa, ni organización será suficientemente eficaz, innovadora y competitiva, si predomina en todos los niveles, incluyendo los de dirección, individuos con esta madurez o menor.


Algunos se estarán preguntando cuándo, por fin, voy a explicar las características y comportamientos usuales de la personalidad madura, competente, con visión, etc., será a partir de la próxima entrega.