martes, 20 de diciembre de 2016

EMPRENDIMIENTO VI - UNA EXPERIENCIA



Con este sexto post relacionado con emprendimiento, pongo punto final a un  apasionante tema que siento como excepcional, por estar relacionado con la libertad de las personas para realizar su trabajo. Se trata, además, de un contenido acerca del cual he tenido la vivencia de haberlo experimentado durante bastantes años. De ahí que me resulte verdaderamente fascinante y atractivo.

Tengo, sin embargo, el sentimiento y la percepción de que, posiblemente, esa fascinación no la he logrado transmitir en las entregas previas. Intentaré hacerlo en esta, siempre dentro del tema: “componentes sicológicos de la actividad de emprender”, y describir así algunos aspectos que aun me falta señalar. A ver si lo consigo.

Ya comenté, de forma relativamente superficial, que se trata de un tema que me apasiona. La principal razón para ello es que, cuando comencé mi trabajo y profesión en proyectos de consultoría, de cambio y de mejora de organizaciones (a lo que he dedicado mi vida),  fui emprendedor.

Hablo del año 1969 en adelante. Hasta esa fecha, tuve la oportunidad y la suerte de trabajar como empleado durante diez años en una empresa que, para ese momento, era de las mejores y más avanzadas del mundo en su área de acción; aun continúa siéndolo. En ella aprendí y logré mucho. Me refiero a la IBM.

YO EMPRENDEDOR

Si se me preguntara ¿qué es lo que más valoro de la experiencia de emprender? Me encuentro enfrentado a varias posibles respuestas, todas positivas, desde mi perspectiva,  para mi persona. Por esa razón las considero muy valiosas, al relacionarlas con lo que fue mi desarrollo profesional y personal como consultor en Desarrollo Organizacional (D.O.).  Y, muy especialmente, al relacionarlo con la visión y el amplio espectro de acción que la corriente filosófica y herramientas del D.O. ponían a mí disposición.

Cuando inicialmente asistí, en 1969, a la primera actividad de entrenamiento, sentí que “un mundo nuevo y valioso se abría ante mí”.  Qué decir de la magnífica formación y capacitación recibida del “National Training Laboratories for Behavioral Science. (NTL Institute), donde me formé como “Organizational Development Specialist”, y donde tuve oportunidad de ser alumno de varios de los creadores y fundadores de todo ese movimiento de cambio y desarrollo. Visto  en el tiempo, de impacto mundial.

Después de recibir la formación, sí es verdad que un mundo nuevo y retador se abría ante mí. Un mundo que me ha permitido trabajar con varias de las organizaciones más visionarias, relevantes y de vanguardia en ese momento en el mundo. Varias de ellas, lógicamente, aun lo continúan siendo.

Lo descrito requirió haber  tenido que aplicar y utilizar los recursos y capacidades ya señalados y descritos para emprendedores en las anteriores entregas. Los recapitulo, ahora aplicados a mis experiencias y vivencias como emprendedor.


I)                    Intentaré sintonizar los sentimientos, emociones, vivencias y otros que me llevan, al recordarlo, a sentir, en general,  felicidad con el trabajo y experiencias realizadas. Vivencias poderosas tales como: libertad de acción, innovación, independencia, riesgo,  cambio de paradigmas establecidos, ser pionero, compromiso, búsqueda de calidad, gran  aprendizaje y algunas otras que surgen al recordar periodos correspondientes a los primeros meses y años de trabajo; una vez que había decido ser emprendedor y formar, con un colega y socio, mi propia empresa: el  IDO - Instituto para el Desarrollo Organizacional. Así se llamó durante sus más de 26 años de feliz existencia, nuestra empresa de Consultoría en Desarrollo Organizacional.

II)                 Teníamos una visión de largo plazo, clara en algunos de sus componentes, y totalmente incierta, como es lógico suponer, en otros. Entrábamos en un mundo, para ese momento, completamente nuevo, desconocido.

III)               Sin duda, contábamos con una madurez psicológica suficiente para enfrentar la situación y gestionar, de manera más o menos adecuada, el reto al que nos íbamos a enfrentar. A juzgar por los éxitos obtenidos en el largo plazo, todo fue bastante lento, pero coherente. El cambio en las organizaciones era, y aun en muchas lo es, un proceso lento que concita muchas resistencias.

IV)               Estábamos muy motivados con la idea de ser nuestros propios jefes, sentirnos libres y por la oportunidad, que veíamos claramente, de  poder ser novedosos, innovadores y estar en capacidad de hacer algo original, diferente. Tanto quien fue mi excelente socio, como yo, por años, habíamos vivido bajo el poder, bastante democrático, de otros jefes. Pero… siempre eran otros los que decidían y mandaban.


V)                Nos entusiasmaba, dada la actividad que íbamos a realizar, el hecho de ser pioneros en su aplicación en nuestro país, y poder así producir cambios y mejoras relevantes en empresas y organizaciones, especialmente focalizadas en crear organizaciones eficaces, motivantes y respetuosas del talento de su personal. La mayoría de ellas, para esas fechas, muy tradicionales y burocráticas.
Sin embargo, se apreciaba ya que algunas multinacionales estaban empezando a estar convencidas de que tenían que cambiar hacia desarrollar culturas corporativas más participativas y coherentes con los valores y talento, que un elevado porcentaje de su personal, altamente capacitado, mostraba, en especial, desde el  punto de vista técnico y tecnológico.

VI)               Estábamos convencidos, cada vez más, conforme nos fuimos formando, aprendiendo y especializando en Desarrollo Organizacional, que se nos abría un inmenso campo por conquistar y liderar en nuestro país.


Lo más duro, sin duda, fue soportar económicamente el primer año, pues aunque inicialmente realizamos proyectos en los que contábamos con consultores extranjeros de prestigio, los márgenes de ganancia fueron mínimos. Siempre hicimos primar la calidad, aun perdiendo dinero muchas veces. Pero esta forma de trabajar nos generó mucho prestigio y aprecio de los clientes. 

VII)            Emprender te obliga a ser creativo,  innovador, a trabajar con calidad, retar paradigmas existentes y, en algunos casos, a cambiarlos, y saber que el éxito llegará en el mediano y largo plazo. Y eso fue lo que pasó con el IDO.

PIONERO O COLONO

Estos términos los he tomado de Joel Barker, citado en el anterior post. Barker señala que existen principalmente dos clases de emprendedores: los que denomina “Pioneros: son los que descubren y abren caminos”. Para ello utiliza el símil de los pioneros del oeste de los Estados Unidos. Donde no había sino tierras, a veces inhóspitas, terminaron poniendo la semilla de ciudades, pueblos y generaron progreso. Son los que más riesgos asumen. Se trata de emprendedores que se enfrentan a lo nuevo, a lo desconocido.

Diferentes son aquellos a los que denomina “Colonos: son emprendedores que construyen sobre los hechos, realizaciones y caminos de los pioneros”. En colonizar existe también mucho riesgo, porque aun no se tiene claro cómo va a evolucionar y  manifestarse el intento de colonización. En este segundo caso, los riesgos suelen ser grandes, pero mucho menores. Se actúa sobre el territorio  y entorno creado por los pioneros. Claro, siempre hay riesgos en la actividad de emprender. Es necesario tener un grado importante de madurez,  valentía, pasión y coraje.

Relacionando lo que estoy planteando con lo que fue nuestra experiencia, para el año 1972 surgió otra empresa de consultoría y formación, cuyo nombre incorporó el término Desarrollo Organizacional, dedicándose a esa actividad. Posteriormente se fundaron un par más. Estos fueron todos colonos.

Finalizo así este apasionante tema del emprendimiento, y animo a jóvenes bien preparados, maduros y valientes a probar y hacer su vida como emprendedores.
De una vez les deseo  ¡mucho éxito!











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